¿CÓMO CUIDAS LA VIÑA DEL SEÑOR?
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¡Hermanos y hermanas en Cristo! Paz y bien. Nos congregamos hoy para reflexionar en este vigesimoséptimo domingo del tiempo ordinario, guiados por la Palabra de Dios, que nos interpela profundamente sobre cómo estamos tratando la creación de Dios y, de manera muy especial, la viña del Señor.El trato a la creación y los desastres naturalesLa creación misma alza su voz y nos reclama el trato que le estamos dando (Rom 8,22). Lo vemos reflejado en los desastres naturales que se repiten en diversos puntos del planeta. Nos quejamos, pero somos nosotros quienes maltratamos lo pequeño: la basura que arrojamos al piso, el deterioro de los bienes públicos, y la desaforada deforestación de bosques para la ganadería y la agricultura. Derribamos bosques, pero no sembramos oxígeno futuro ni agua para las generaciones venideras, condenándolas a la escasez y a la calamidad por habernos apropiado indebidamente de lo que Dios nos ha confiado.Los frutos que Dios espera en su viña¿Qué frutos espera Dios de nosotros? (Is 5,2). Pensemos en la primera viña sembrada por Él en el pueblo de Israel, desde Abraham, Isaac, Jacob, y multiplicada en las doce tribus (Gn 12-50). El Señor plantó esa viña para preparar su venida, para salvarnos y redimirnos. Los trabajadores de esa viña —los reyes, profetas y sacerdotes de Israel— debían preparar el camino al Redentor. Sin embargo, enviaba profetas y mensajeros a quienes los mismos israelitas golpeaban y mataban, hasta llegar al extremo de dar muerte al Hijo amado, el heredero que venía a inaugurar el pueblo definitivo (Mt 21,33-39).La viña del Señor hoy: La Iglesia y la familiaLa presente viña del Señor, renovada y restaurada, es la Iglesia (Jn 15,1-8). A ella se refería Jesús cuando advirtió a los sumos sacerdotes y ancianos que el reino de Dios les sería quitado y entregado a un pueblo que produzca sus frutos (Mt 21,43). Esta viña se despliega hoy en las diócesis, parroquias, vicarías, comunidades cristianas y, muy especialmente, en la familia, que es la viña más amada del Señor.El examen de conciencia que nos pide el Señor hoy es claro: ¿Qué está haciendo cada quien con su viña? La llamada principal va dirigida a los padres de familia, la célula vital que da vida a toda la Iglesia y a la sociedad. El fruto esperado por Dios en cada hogar y en cada servicio pastoral es, sencillamente, la santidad.Llamado a la conversión y compromiso comunitarioUna sociedad no tendrá gobernantes santos ni ciudadanos justos si los principales brotes de la viña —es decir, las familias y los servicios pastorales— no producen frutos de santidad. Dios quiere que la Iglesia, en cada una de sus ramas y hogares, produzca frutos santos para que la convivencia se santifique, respetando los bienes y los derechos de todos.Hermanos, si los sumos sacerdotes se sintieron aludidos por las parábolas de Jesús al ser malos administradores (Mt 21,45), sintámonos hoy interpelados nosotros en el trato que damos a la viña del Señor y a la fe que hemos recibido y transmitido a nuestros hijos. Corrijamos el rumbo, cuidemos la creación y hagamos que nuestra vida florezca según el corazón de Dios.Querido hermano, ¿cómo estás cultivando los frutos de santidad en tu propio hogar y en tu comunidad parroquial?Que sea alabado nuestro Señor Jesucristo. ¡Por siempre sea bendito y alabado!HOSPITALITOS DE LA FE
P. Héctor Pernía, mfc
CAFEÍNA ESPIRITUAL
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"La paciencia es poder.
La paciencia no es inacción,
sino más bien "el momento oportuno",
esperar el momento preciso para actuar,
con los principios adecuados
y de la manera correcta"“Para amar se necesitan tres personas, no dos: Tú, tu pareja y Dios. Sin Dios, solo logran sacar lo peor de los demás. Quienes se aman sin nada más que hacer, pronto descubren que no hay nada más. Sin una lealtad central, la vida queda incompleta""A veces, la única manera en que el buen Dios puede llegar a algunos corazones es rompiéndolos"
FULTON JOHN SHEEN
1895-1979Fue un Arzobispo Católico, escritor, académico y pionero de la comunicación religiosa en radio y televisión en Estados Unidos. Alcanzó fama nacional con su programa de radio The Catholic Hour y su exitoso programa de televisión Life is Worth Living (La vida vale la pena vivirla), lanzado en 1952, con el cual ganó un premio Emmy y llegó a reunir a millones de espectadores semanales de distintas religiones. Escribió más de 60 libros sobre fe, moral y espiritualidad.
PALABRAS DEL SANTO PAPA FRANCISCO (Mt 21, 33-43)
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El Evangelio nos presenta hoy una parábola dramática con un final triste (cfr. Mt 21,33-43). El dueño de un terreno planta una viña y la cuida bien; luego, como tiene que irse al extranjero, la arrienda a unos viñadores. Cuando llega el momento de la vendimia, envía a sus siervos para recibir los frutos. Pero los viñadores los maltratan y los matan; entonces, el dueño manda a su hijo, y ellos lo matan también. ¿Por qué? ¿Qué ha salido mal? (…) Con esta parábola, Jesús nos recuerda lo que sucede cuando el hombre se cree que se hace a sí mismo y olvida la gratitud, olvida la realidad fundamental de la vida: que el bien viene de la gracia de Dios, que el bien viene de su don gratuito. Cuando uno olvida esto, la gratuidad de Dios, termina por vivir la propia condición y el propio límite no ya con la alegría de sentirse amado y salvado, sino con la triste ilusión de no tener necesidad de amor ni de salvación. Uno ya no se deja querer, y se encuentra prisionero de su propia codicia, prisionero de la necesidad de tener más que los demás, de querer estar por encima de los demás. Este proceso es feo, y nos sucede muchas veces. Pensémoslo en serio. De ahí provienen muchas insatisfacciones y recriminaciones, tantas incomprensiones y tantas envidias; y, a causa del rencor, se puede caer en el torbellino de la violencia. Sí, queridos hermanos y hermanas, ¡la ingratitud genera violencia, nos roba la paz, nos hace hablar gritando, sin paz, mientras que un simple “gracias” puede restablecer la paz! (Francisco - Ángelus, 8 de octubre de 2023)